
Existen numerosos psico-fármacos que prometen acabar con un sinnúmero de “enfermedades” mentales que son cada vez más comunes en el mundo, como depresión, ansiedad etc. Es un área donde se considera a la psiquiatría como un árbitro incuestionable en estas materias, y que desde sus inicios, encontró en la industria farmacológica un aliado para resolver todo tipo de problemas relacionados con la salud mental. Sin embargo, la realidad ha demostrado otra cosa, en términos del uso de psicofármacos para “curar” las supuestas “enfermedades” mentales originadas aparentemente por desordenes en la química cerebral.
En primer lugar debemos poner en entredicho el término enfermedad, por la sencilla razón de que los trastornos que estudia la psiquiatría no son enfermedades médicas, como lo establece la práctica de la medicina tradicional. Para que se pueda reconocer una enfermedad como tal, esta debe estar sujeta a una serie de condiciones fundamentales, como la comprobación de un conjunto predecible de síntomas y cómo estos funcionan. Una “enfermedad real” finalmente debe estar respaldada por evidencia objetiva y por medio de exámenes físicos.




