
Vivir un Terremoto es una sensación surrealista, da la impresión de estar viviendo un sueño del cual deseas despertar. Una incertidumbre tan grande que ni los mejores film de catástrofes puede retratar. Nuestra mente nos traiciona, llenándose de miedo y de una rara e inminente idea de peligro constante.
Cuando desperté esa madrugada creà que era otro temblor más, que pronto pasarÃa. Pero cuando comenzaron a caer las cosas al suelo, entendà que debÃamos salir de la casa. Una vez fuera el movimiento se intensifico y comencé a sentir quebrazón de vidrios. En ese instante pensé que debÃa mantener ocupada mi mente y comencé a rezar, como una forma de controlarme y la vez de sentir a Dios en mÃ. Yo rezo, sÃ, y creo en Dios, aunque no profeso ninguna religión porque considero que Dios es algo que trasciende los paradigmas que constituyen a las religiones.
Cuando el temblor comenzó a menguar, ya estaba más tranquila, asustada, pero más tranquila. En ese instante sentà -y utilizo precisamente esa palabra y no la palabra comprensión, porque para mà sentir es un algo que va más allá de los lÃmites de la razón- que lo único importante es la vida.
Hoy me siento profundamente agradecida de que los daños fueron solamente materiales. Pero sobre todo, agradezco que yo y mi familia estemos bien. Claro está, que en ese instante quedamos absolutamente incomunicados, sin teléfonos ni luz. Sin poder dimensionar ni tener noticias de cómo este movimiento telúrico habÃa afectado al resto del paÃs.
Ahora y ya pasados varias dÃas, reflexionamos en cómo estás circunstancias, pueden ser denominadas con conceptos humanos de maldad o benevolencia por los medios de comunicación tradicional. Siendo que al final, tsunamis, huracanes, temblores, etc. Son todos movimientos normales de la tierra (basta con recordar que Chile se formo gracias a movimientos de este tipo)
Quisiera concluir mis palabras, deseando para cada una de las personas afectadas, el mismo sentimiento de Paz que hoy embarga mi corazón. Es un sentimiento que nace al descubrir y evidenciar que por más divergencias que tengamos unos con otros, hay momentos como estos, en los cuales el deseo genuino de ayudarnos y protegernos nos acerca, construyendo algo mucho mayor e importante que el temor, el miedo o la incertidumbre.

